Cualquier espacio donde aún no haya nada construido, es considerado un tesoro por los habitantes de las grandes ciudades, como es el caso de Nueva York. El rescate del High Line se considera, por ello, todo un logro. Para todo aquel que no sepa de lo que hablamos, se trata de 2 kms de vías de ferrocarril que desde mediados del siglo XIX sobreviven en el West Side de Manhattan, gracias a que los vecinos de la zona han luchado por su supervivencia. Esta zona, era llamada la Avenida de la Muerte por la cantidad accidentes que sucedían. En la década de los años 20, las autoridades locales decidieron construir una vía elevada que asegurase el transporte de mercancía industrial sin que nadie muriese por causa de un atropello.
Pasaron los años y a sus costados se construyeron rascacielos y otras propiedades de gran valor, hasta que hace algún tiempo, la especulación inmobiliaria se fijó en este terreno que la asociación Friends of The High Line consiguió rescatar para uso público.
Finalmente el High Line se inagura estos días con un tercio de su superficie total recuperada. La obra pertenece al estudio Diller Scofidio+Renfro. Además de unir tres barrios y añadir valor a la bahía de Manhattan, esta zona se revaloriza con la construcción de un edificio firmado por los famosos arquitectos, Frank Gehry, y otro por Jean Nouvel.
El suelo del parque es una alfombra de plantas autóctonas que como un camaleón, cambian de color en cada estación. En los accesos se colocó mobiliario urbano, escaleras de acceso, ascensores y hamacas para disfrutar del sol y de la vista al rio Hudson.
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