Mas allá de los requisitos evidentes que todos esperamos encontrar cuando vamos a comer a un restaurante/bar/chiringuito, como que la comida esté caliente al llegar a la mesa, los cubiertos estén limpios o que no nos encontremos ningún regalito escondido, moviéndose o flotando en el plato, hay otras muchas cosas que, aunque no sean motivo de hoja de reclamaciones, son esos pequeños detalles que quizá hagan que ese lugar pase a formar parte de tu lista de color no muy alegre.

Y es que quién no ha sufrido alguna vez el que te sirvan el refresco más pequeño del universo el día que más sed tienes, o tener que partir una croqueta en 6 partes iguales porque te han traído piezas impares para comensales pares, éstas son solo algunas…

1. Que te cobren el pan

No será la primera ni la última vez que llegas a un restaurante famélico después de una dura mañana de turisteo y antes de que el camarero te traiga el primer plato, te has comido a bocados el pan que estratégicamente te han traído a la mesa a la vez que las bebidas…y qué pasa, que luego sin previo aviso tienes un pequeño cargo de 2€ en la cuenta que ya no puedes reclamar porque el pan está en tu estómago más que digerido.

2. Que el precio de la Coca-Cola sea inversamente proporcional a la cantidad de líquido de la misma

No sabemos si las fabrican en Liliput o han pasado por la máquina de ‘Cariño he encogido a los niños’ pero el caso es que esas minúsculas Coca-Colas de cristal de 20cl que te duran dos sorbos y cuestan lo que un palet de 100, deberían estar prohibidas. Ni con hielo consigues llenar el vaso con semejante cantidad de líquido. Además, siempre sueles dar con ellas el día que más sed tienes,que comes anchoas o que te pides un bocata de jamón serrano.

3. Que te pongan unidades impares si sois pares o viceversa

Si no pagas por unidad, lo mínimo es que a cada comensal le toque una pieza de la tapa en cuestión si no, ya toca estar con la escuadra y el cartabón cortando a partes milimétricamente iguales la última croqueta soltera del plato y eso si son croquetas, que si es una alita de pollo, ya tenemos lío y sorteo millonario.

4. Que la realidad no supere a la ficción

O lo que es lo mismo, que la foto de turno de la carta o del cartel de la calle muestra un plato con un aspecto que poco tiene que ver con lo que luego llega a la mesa. El desengaño suele ser en términos de tamaño y sobre todo les pasa a las hamburguesas y a los solomillos. Llegan y parece que han encogido en el plato, o que el plato ha crecido.

5. Que pidas agua y te traigan una botella sin preguntar

En muchas ocasiones hay que tener cuidado con esto y estar atento para que no ‘te la cuelen’. Si pides agua, puntualiza: vaso o jarra porque si no, corres la suerte de que te traigan una bonita botella, en muchas ocasiones de cristal, que además te cobrarán como si fuera oro líquido.

6. La maldita propina estadounidense

Hay que reconocer que los españoles para las propinas somos un poquito de la Virgen del Puño. Nos rascamos el bolsillo, sí, pero para ver si encontramos alguna moneda roja perdida en el fondo del pantalón para dejarla cual limosna rancia. Es por esto que cuando viajamos a Estados Unidos, se nos cruza la cara a la hora de pagar cuando al importe de la cuenta le tienes que sumar un 15% (o más) de propina. Es inevitable e ineludible, no hay escapatoria posible.

7. Que la hamburguesa no incluya patatas y las tengas que pedir aparte

Es inconcebible una hamburguesa sin patatas y tenerlas que pedir aparte es un tremendo error. La hamburguesa ha de ir con patatas aunque sea la más gourmet de las gourmets. Por no hablar de las hamburguesas sin pan, pedir de la carta una hamburguesa y lo que te llega es un filete ruso sin más es una de las mayores decepciones a la mesa.

 

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