Hay lugares en este maravilloso e infinito mundo en los que el auténtico viaje se produce hacia el interior de uno mismo ¿la razón? un conjunto de arrolladoras sensaciones provocadas por la espiritualidad, el misticismo y la singularidad del destino en cuestión que hacen que deseemos que el tiempo se detenga para siempre.

Parajes remotos, antiguas civilizaciones, frondosas selvas, tradiciones ancestrales, paisajes vibrantes…cualquiera de ellos puede albergar uno o varios rincones que te llegarán al alma. Aquí os dejamos una mágica selección.

Puesta de Sol en China

Monte Fuji, Kioto y los cerezos en flor (Japón)

Japón es algo más que la hiperactiva y mastodóntica Tokio. El Imperio del Sol Naciente acoge en su ‘pequeño’ territorio insular todo un compendio de tradiciones ancestrales, cultura, gastronomía y paisajes naturales que atrapan a todo el que lo pisa. Desde el espiritual y extraordinario Monte Fuji, pasando por la apacible y sosegada ciudad de Kioto con sus templos, mercados y alguna que otra geisha, hasta los extensos y verdes bosques de bambú que plagan toda la isla, Japón es una ‘pasada’. Querrás que el tiempo se detenga y sentirás como te invade un profundo espíritu zen.

Monte Fuji, Japón

Varanasi y la liberación en el Ganges (India)

Viajar a La India es viajar a un crisol de contrastes donde respirar hondo casi a cada paso. Delhi, Bombay, el Taj Mahal, la isla de Goa…La India es infinita pero si en algún lugar se puede vivir su esencia más mística y ancestral es en Varanasi, una de las siete ciudades sagradas del hinduismo. Centro de peregrinaje, Varanasi es el lugar donde todo hindú desea morir. A orillas del Ganges, se produce la cremación de los cuerpos cuyas cenizas se depositan en las sagradas aguas del río liberándose así del ciclo de la muerte y reencarnación para alcanzar el ansiado nirvana. Es toda una experiencia poder presenciar una ceremonia de incineración y vivir y sentir esta mística ciudad.

Varanasi, India

El paraíso rojo de Monument Valley, Utah (Estados Unidos)

Tierra de navajos y vaqueros, cuando uno llega a este lugar cuesta creer que hace 50 millones de años estuviera cubierto de agua. Valles, arena y espectaculares monumentos rocosos conforman un paisaje natural brutal. La inmensidad de este lugar embriaga y el silencio del viento causante de la erosión hace que la experiencia sea sublime.

Monument Valley, Utah, Estados Unidos

Surcar el río Ngo Dong y conocer la Bahía de Halong (Vietnam)

La Bahía de Halong es una de las postales más conocidas de este exótico, adictivo y sorprendente país en el que no se puede pestañear ni un segundo. Vietnam es un espectáculo constante para los sentidos donde dan ganas de parar el tiempo para que nunca se acabe el viaje. Más allá de Halong, navegar por el río Ngo Dong es como un paseo por las nubes disfrutando de un paisaje único.

Hanoi, Vietnam

Desierto mágico de Atacama (Chile)

Este inmenso y erizante desierto es uno de esos lugares donde el silencio se escucha, un silencio plácido, bello, inquietante. Es un paraje sin igual, árido, baldío pero con tanta personalidad como cualquier paisaje frondoso. Hay que perderse en este aislado lugar, disfrutar de sus planícies saladas, del pueblecito de San Pedro de Atacama y observar las estrellas tan cerca que parece que puedes tocarlas. Todo el que ha ido asegura haber sentido ‘algo’…

Desierto de Atacama, Chile

El país de la felicidad entre montañas,  Monasterio Paro Taktsang (Bután)

Entre montañas imposibles del Himalaya, vive Bután, un país repleto de amuletos, monasterios legendarios, monjes alegres y una constitución que establece la Felicidad Nacional Bruta por encima del Producto Naciona Bruto. Con poco más de 600.000 habitantes, Bután es el país donde encontrar la felicidad enterna con unas leyes propias bastante peculiares que buscan ante todo luchar contra la pobreza. Es el país cuyo visado es el más caro del mundo hecho que el confiere la exclusividad que se merece.

 Monasterio Paro Taktsang, Bután

Naturaleza salvaje en Alaska (Estados Unidos)

El estado más al noroeste del mapa estadounidense, Alaska, es un paraíso de extensos bosques, caudolos ríos, altas montañas, verdes valles, pueblos remotos y grandes osos. Es conocida como la “última frontera” y alberga en sus terrenos la mayor reserva de naturaleza silvestre de todo el país. Si la mítica serie ‘Doctor en Alaska’ no te impulsó a salir corriendo hacia estas tierras, ‘Hacia rutas salvajes’ un film cuyo protagonista huye a Alaska para vivir como un auténtico ermitaño será el último empujón que necesites para decidirte. Y si no…piensa en las auroras boreales…alucinantes.

Auroras boreales, Alaska

Viaje al interior de uno mismo en Ubud (Bali)

Quizá Bali suene a típico viaje de luna de miel de Bustamante y Paula Echevarría pero nada más lejos de la realidad, esta isla inundada por ofrendas y ritos hinduistas, con campos de arrozales donde perderte para que nadie te encuentre, con templos que te harán remplantearte tus propias creencias y sobre todo con una población amable, sonriente y generosa es el lugar que te hará volver a soñar. En Bali las sensaciones están a flor de piel y es el lugar donde espiritualidad y misticismo adquieren todo su sentido.

Templo Pura Ulun Danu, Bali, Indonesia

Puro Vida explosiva (Costa Rica)

Qué decir de un país donde el saludo habitual es “pura vida” y que su territorio supone el 4% de toda la reserva de la biosfera de La Tierra. En Costa Rica los pelos se te erizan en convivencia con una naturaleza explosiva y un mundo animal alucinante. Aquí la naturaleza nunca calla, muestra de su poder y hegemonía. Bosques tropicales, cascadas, arenales selváticos y bellos ‘bichinos’ harán que te quieras quedar en Costa Rica para siempre. Pura Vida.

Costa Rica

De la mano de los moais, Isla de Pascua (Chile)

Si de algún lugar podemos decir con toda firmeza que es mágico, ese es la Isla de Pascua, Rapa Nui para sus habitantes. A la deriva en medio del inmenso Pacífico esta isla solitaria, destino de todos aquellos a los que el mundo ya se le ha quedado pequeño, reúne en sí misma misterio, secretos y una energía única. Una de sus principales particularidades reside en una pandilla de mil grandotes y rocosos señores Moais que salpican toda la isla y que nadie sabe cómo fueron colocados y por qué. Su embergadura, su mirada y la energía que irradian atrapa a todo el que llega hasta allí.

Moais en la Isla de Pascua (Chile)

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