Ciudad de oficios artesanos, bullicio y grandes dinastías, Marrakech es una de las joyas más apreciadas del vecino país marroquí. Para sentirla y empaparse bien de ella hay que mezclarse con la muchedumbre, perderse en sus zocos entre especias, babuchas y alfombras al paso de motos, bicicletas y carros tirados por burros y degustar desde las alturas a la caída del sol uno de sus dulces tés con menta. La Ciudad Roja encandila al viajero atacando todos sus sentidos y atrapándolo para siempre.

Plaza Jamaa el-Fna, Marrakech, Marruecos

1. Está cerca, muy cerca

A un máximo de dos horas de vuelo desde cualquier punto de la península, Marrakech está como quien dice a tiro de piedra. Más cerca que las Islas Canarias, no te da tiempo ni a ver un doble capítulo de ‘Juego de Tronos’, un paseo.

2. Los Riads

Riad Dar Titrit

Dicen que hay más de 600 en toda la ciudad y alojarse en uno de ellos es uno de los mayores placeres de viajar a Marrakech. Son casas tradicionales marroquíes cuyas habitaciones y estancias se asoman a un patio central donde cada mañana te esperará un fabuloso y extenso desayuno marroquí. Se esconden por toda la Medina tras inmensas puertas de madera y laberínticos callejones sin salida. Son una maravilla y además hay para todos los bolsillos.

3. Perderse en los zocos

Zoco de Marrakech

No hay visita digna a Marrakech sin perderse, en el sentido más literal de la palabra, por sus laberínticos zocos. Situados al norte de la plaza Jemaa el-Fna y al suroeste del Museo Marrakech, estas callejuelas comerciales techadas con bambú son todo un viaje sensorial  entre puestos de especias, aceitunas, cuero, bandejas de cobre, babuchas y alfombras bereberes. Es imposible escapar de sus garras que te encandilarán y querrás pasear una y otra vez.

4. Jammaa el-Fna, la Plaza

Esta plaza de nombre casi impronunciable es el gran escenario de Marrakech difícil de captar con una sola mirada. Uno podría pasarse allí horas y días enteros descubriendo sus mil caras. Por el día, zumos de naranja (a 0,40€) en los más de 30 carros  que se extienden por toda la plaza presidida en la letanía por la mezquita de Koutoubia.

Carros de naranjas en Jamaa el-Fna, Marrakech

Al atardecer cambio de tonalidades, su mejor cara se contempla desde las alturas de alguna de sus terrazas como la del Grand  Balcón del Café Glacier tomando un té con menta viendo como comienza a construirse la noche. Una noche donde encantadores de serpientes, monos malabaristas y todo tipo de cánticos, acompañan a decenas de puestos de comida con guirnaldas en los que a golpe de grito de sus camareros captadores podrás sentarte a degustar cualquiera de sus hitos culinarios, pinchos morunos, taginja, el cus cus y un largo etcétera de delicias bien especiadas.

5. La Madraza Ali Ben Youseff

La Madraza Ali Ben Youseff, Marrakech

Antigua escuela coránica, la Madraza por suerte es uno de los pocos edificios religiosos de Marrakech abierto al público no musulmán. Es uno de los ejemplos más hermosos de arquitectura arabigoandaluza de la ciudad cuyo esplendor se va intuyendo a medida que accedes por sus arcados pasillos hasta el gran patio central. Suelos de mármol, coloridos mosaicos, balcones con celosías de madera y una finura estética deslumbrante confieren a este lugar una belleza extraordinaria.

6. Vistas sobre las azoteas

Kasbah Café, Barrio de la Casba, Marrakech

Si algo goza de un encanto especial en Marrakech son su infinidad de terrazas en azoteas desde donde puedes disfrutar de unas bonitas vistas tomando un té a la hierbabuena. Café des Épices, La Terrace de los Épices, Café Árabe o el Kasbah Café son algunos de esos lugares a los que hay que ‘subir’.

7. Museo de Marrakech

Museo de Marrakech

Este apacible palacio entre callejuelas de la Medina, alberga algunas de las estancias más bellas que vais a encontrar en Marrakech. Su patio exterior de colores claros y alegres cenefas de teselas es la antesala del espectacular patio central que nos espera al fondo de su pasillo. Paredes recubiertas de mosaicos, fuentes alineadas en el centro y una fascinante lámpara son las protagonistas de este patio bañado por una espectacular luz dorada que le confiere un halo de paz y belleza absoluto.

Museo de Marrakech

8. En memoria de Yves Saint Laurent

El fallecido modisto junto a su marido adquirieron el Jardin Majorelle, después de que este estuviera abandonado. Su renovación dio como resultado un bonito jardín natural repleto de todo tipo de plantas procedentes de distintos puntos del mundo. Bambúes, enormes cactus y pequeños laguitos con floridos nenúfares conforman este espacio que hace las veces de oasis en medio del bullicio marrakense. Entre toda esta vegetación se erige una colorida casa que destaca por su intenso color azul que más tarde se incorporó a la paleta de la gama de azules como azul Majorelle.

9. ¿Comemos?

La cocina marroquí es por supuesto uno de los imprescindibles si viajas hasta la Ciudad Roja. Cientos de restaurantes, puestos callejeros y pequeños rincones gastronómicos se extienden por todo Marrakech para una buena inmersión en su amplia y especiada oferta culinaria.

Puestos de caracoles, Plaza Jamaa el-Fna, Marrakech

Al menos una vez hay que degustar su cocina en algunos de los puestos callejeros que cada tarde se montan en la plaza Jemaa el-Fnaa y compartir mesa con los locales que cada noche cenan ahí con sus familias. Algunos puestos ya se han hecho un hueco en guías y foros viajeros como el puesto 31 o el 14 (es de los mejores para comer pescado). Y fuera de la plaza, encontraréis pequeños restaurantes, muchos de ellos en coquetas azoteas, donde degustar la cocina marroquí más alternativa y moderna. Nomad, Dar Chérifa son algunos ejemplos.

10. Cálido baño en un hamman

Merece la pena reservar una tarde para hacerse un tratamiento marroquí en uno de estos baños-spa. El ritual suele constar de baño de pies, baño de vapor, ducha con cubos de agua sobre un asiento de piedra, exfoliación con jabón negro, masaje con aceite de argán y relax con té y pastas. Saldréis flotando en un estado de relax absoluto. Los hoteles suelen tener los suyos propios pero si queréis vivirlo auténticamente Les Bains de l´Alhambra o Les Bains de Marrakech son muy buenas opciones.

 

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